Sancho el Mayor logró crear un itinerario fijo, que unía las cuatro rutas francesas en una sola a partir de Puente la Reina.

De esas 4 rutas principales, la que llegaba al Valle de Elorz era la Tolosana, que proviene deArles, Montpellier y Toulouse, cruzaba el Pirineo por Somport y, tras pasar por Jaca, se internaba en Navarra por Tiermas. Luego los peregrinos tomaban la ruta de Javier, Sangüesa y Monreal, para entrar a continuación en el Valle de Elorz. Se llegaba por la margen derecha del río, cruzándolo por un pequeño puente existente cerca del crucero de San Blas, y ascendiendo luego hacia la torre fortificada de Yárnoz.

El camino recorre la ladera de la Sierra de Alaiz, uniendo los pueblos Yárnoz, Otano, Ezperun y Guerendiáin. Se trataba de un tramo de enlace entre los más importantes núcleos de Monreal y Tiebas-Campanas, que contaban con hospitales para los caminantes.

Lo cierto es que los peregrinos eran frecuentemente víctimas de asaltos, por lo que en los núcleos de cierta importancia solían juntarse en grupos numerosos, para internarse con tranquilidad en las solitarias veredas que cruzaban nuestros montes. Llevaban como distintivo la concha o “plecten jacobeus”, consistiendo por lo demás su indumentaria en un sayal de lana hasta la rodilla, esclavina o capa de cuero impermeabilizada, y el sombrero de ala ancha que en Navarra les protegería tanto de la lluvia como del sol de la parte más meridional. Complementos indispensables eran el alto bordón, una calabaza para llevar la bebida, la escarcela y el zurrón de piel.

Así pues, los peregrinos atravesaban los bosques de Alaiz tras dejar Monreal, y seguramente deseando llegar a Campanas, donde de nuevo encontrarían el cobijo de un hospital. En tales centros solían ser recibidos por un limosnero que les daba pan y vino; recibían luego baños y cuidados médicos, y el auxilio espiritual de un capellán. En caso de fallecimiento, cosa por otro lado muy frecuente, se cuidaban también de darles sepultura. Cuando la niebla se echaba sobre la Sierra, una campana sonaba día y noche para guiar a los peregrinos extraviados hacia el centro hospitalario.

La presencia del Camino debió de influir en Yárnoz, Otano, Ezperun y Guerendiáin durante siglos, condicionando el modo de vida.

EL CAMINO EN NUESTROS DÍAS

Tras el apogeo de los siglos iniciales de la Reconquista (siglos XI-XII), la peregrinación tuvo que afrontar la aparición de gran número de falsos peregrinos y maleantes; asimismo la nueva cultura del Renacimiento trajo consigo los ataques de la intelectualidad y de la Reforma Protestante. El Camino, pese a no haber desaparecido nunca entró en una larga decadencia.

Hoy en día los peregrinos no entran ya en los pueblos de la Sierra de Alaiz, y el itinerario oficial aconseja seguir la carretera. Afortunadamente, la “Asociación de Amigos del Camino de Santiago” en Navarra se propone revitalizar, al menos en parte, el trayecto primitivo por el Valle. Esto encaja perfectamente en el espíritu de los nuevos peregrinos, que han añadido al móvil religioso, una inquietud deportiva y estética, al tiempo que se vuelve a los orígenes “de una Europa que se hizo en los caminos”. Actualmente, esta vía se encuentra transitable, si bien no está en muy buen estado, y aún queda mucho trabajo por hacer para recuperarla por completo.

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