El carnaval

Los mayores del Valle recuerdan que los mozos iban por todas las casas del pueblo pidiendo comida (huevos, longaniza, chistorra, tocino…) para celebrar después una cena.

Del domingo al martes anterior al comienzo de la cuaresma, en los distintos lugares del Valle los mozos preparaban la fiesta. En Imárcoain se disfrazaban con buzos, botas, bastón, sombrero y blusa de los tratantes. Se solía quemar un “burro de paja con orejas muy grandes”, según cuentan algunos mayores.

En Noáin se celebraba con charangas; los jóvenes con guitarras y bandurrias pasaban por todas las calles del pueblo, cantando y pidiendo cosas de comer. La fiesta solía durar tres días, desde el domingo hasta el martes previo a Cuaresma. Un plato típico de estos días era las patas y orejas de cerdo, por coincidir en estas fechas con la matanza. Aunque los disfraces estaban prohibidos, se ponían algunas caretas. En esta fiesta se cantaba por las casas la misma canción que hemos comentado antes:

“La patrona de esta casa
es una santa mujer
pero más santa sería
si nos diera de beber.”

En Elorz solían durar unos días, sábado y domingo previos a la cuaresma, con el típico personaje del “mozorro”.

No tenemos documentación escrita sobre el carnaval en nuestro valle, por lo cual no podemos conocer cómo se vivió en los siglos pasados. Los pocos datos son los que contamos lo hemos adquirido por la transmisión oral de los ancianos.

A lo largo de la década de los 80 se ha impulsado esta tradicional fiesta, especialmente en la Escuela y el Patronato de Cultura de Noáin, con un gran éxito entre los niños.

No queremos olvidar otras tradiciones como el Olentzero y la cabalgada de reyes en Navidad, las procesiones por todo el Valle del día del Corpus, las Javieradas y la visita de San Miguel de Aralar de Noáin.

 

Fiesta de la tortilla

Bajo este término denominamos a todas aquellas fiestas organizadas por los niños, comunes a casi todos los pueblos del Valle y con características peculiares en cada lugar. No sabemos cuál es su origen, pero ya los mayores la recuerdan de sus padres, uniéndonos al menos con el siglo XIX.

Normalmente se organizaba en la escuela. Todos los niños salían a pedir por las casas del pueblo, cantando distintas coplillas que aún recuerdan nuestros mayores. La recogida de alimentos se juntaba en una casa o en la escuela, según el lugar, y allí se hacían las tortillas con todo lo que les hubieran dado.

Los niños de Torres y Zabalegui lo celebraban juntos por ir a la misma escuela, teniendo de original el vestir a un niño como si fuera el “Obispo San Gregorio”, con canciones alusivas a su vida. No sabemos qué origen pudo tener esta fiesta para relacionarla tan directamente con el Santo.

La letra de la canción, cuando pasaban los niños pidiendo era así:

San Gregorio Coronado,
Obispo fue bien honrado,
San Nicolás a la puerta
Aguardando respuesta.
Aquí estamos varios
Cantaremos todos,
Una limosnita
Por el amor de Dios.
Si nos la dan,
O no nos lo dan,
Las gallinitas
Lo pagarán.
La patrona de esta casa
Es una santa mujer,
Pero más santa sería
Si nos diera de beber.

Hubo algunos años que el dinero que se recogía se mandaba a las misiones.

Imarcoain terminaba el día con una excursión al pico de Oriz y una merienda. En Noáin no existe relación de esta fiesta con el Santo que antes hemos mencionado, sino más bien enmarcada en el ambiente de carnaval, celebrándose el domingo siguiente. El esquema de la fiesta era común a todos los pueblos.

La desaparición de las pequeñas escuelas del valle, en la concentración de Noáin, hizo desaparecer esta entrañable costumbre.

 

Fiesta de las castañas

Es una pequeña fiesta que hacían los niños el Día de Todos los Santos después del rosario, en Noáin.

Pasaban cantando y jugando por las distintas casas pidiendo que el dueño o señora de la casa les tirara castañas por el balcón, para que los niños corrieran tras ellas. Es curiosa una de las letras de las canciones, que dice:

“Chinurri, minurri,
échanos castañas,
y levanta el piturri”.

Son muy pocos los que recuerdan esta tradición.

 

Hogueras de San Juan “La enramada”

Los mayores del Valle recuerdan desde siempre las hogueras encendidas la noche de San Juan, con los mozos saltando por encima de las llamas. En algunos pueblos, como Torres y Zabalegui, para esta noche se adornaban algunas puertas con ramas de árboles frutales, especialmente cerezos, llamándole a esta costumbre la “enramada”.

El pan, el chorizo y la alegría nunca faltaron en esta noche.

 

Los mayordomos

Según Fermín Erviti, en la mayoría de los pueblos del Valle de Elorz, se conservó hasta hace unos años la tradición de los mayordomos durante las fiestas. Días antes de comenzar estas, se reunían los jóvenes del pueblo y, entre los quintos de ese año se elegían dos mayordomos, que necesariamente tenían que estar solteros. El primer mayordomo, además de contribuir con más cantidad que los demás a los gastos de los festejos, la víspera de fiestas invitaba a cenar a los músicos que acudían al pueblo.

El día anterior a fiestas, los mayordomos se adornaban con boinas de cintas de color rojo y verde, que colgaban a un lado, unos 15 cm. A la vez se elegían dos mayordomas que, al menos en Noáin, acompañaban a veces a los mayordomos a los bailes.

X